¿Cómo aprenden los adultos y qué debemos tener en cuenta en sus procesos de enseñanza?

El desarrollo de procesos de enseñanza- aprendizaje en adultos funciona de forma diferente al de niños y adolescentes. Las razones de esto abarcan desde la biología y los procesos de desarrollo neuronal y cognitivo, hasta factores socio-culturales como la experiencia vital, la madurez, la disciplina y las responsabilidades individuales de cada sujeto.

¿Cómo podemos estructurar los procesos de formación para adultos?

Es por ello que los procesos de formación para adultos están definidos desde estrategias andragógicas que se especializan en facilitar el aprendizaje de las personas mayores de 22 años. Desde esta perspectiva, el aprendizaje en las personas adultas se centrará en tres procesos principales:

  1. Las experiencias y aprendizajes previos, que sirven como punto de entrada para el desarrollo de nuevas habilidades y capacidades, facilitando la asociación de lo ya existente con lo que el estudiante va a aprender.
  2. El aprendizaje autodirigido, por medio del cual el estudiante asume su rol y responsabilidad como el actor central del proceso de formación y en quien están enfocados todas las acciones de enseñanza.
  3. El enfoque teórico y la selección de las estrategias más adecuadas para la enseñanza. Estos dos componentes variarán de acuerdo con las características particulares de cada proceso, los objetivos de enseñanza, el contexto del aprendizaje, el desarrollo de habilidades y capacidades requeridas y los estudiantes a los que vaya dirigida.

Respecto a este último punto, existen diversos enfoques y modelos teóricos para desarrollar estrategias de enseñanza. Sin embargo, uno de los más comúnmente empleados en los procesos de formación para adultos es el de la teoría de la carga cognitiva, que plantea que para que un aprendizaje sea efectivo, la arquitectura cognitiva del estudiante debe estar alineada con las condiciones de instrucción. Es decir, que los esquemas de pensamiento y acción del estudiante deben sincronizarse y aproximarse a aquello que debe aprender.

En este sentido, la teoría propone que la arquitectura cognitiva del estudiante consta de tres tipos de memoria:

  1. La memoria sensorial, relacionada con la capacidad de la persona por retener, recordar y asociar impresiones y experiencias captadas mediante los sentidos luego de que hayan sucedido. Son ejemplos de esto los sabores que asociamos a los alimentos, la voz de una persona o las texturas que reconocemos con el tacto.
  2. La memoria de trabajo, también llamada algunas veces memoria a corto plazo. Este tipo de memoria tiene una característica especial respecto a los procesos de aprendizaje, su carácter es limitado en relación con la duración y la capacidad de información que puede procesar respecto a nuevos los nuevos procedimientos o datos que reciba el sujeto. Este tipo de memoria opera controlado por dos procesadores principales de información, el auditivo y el visual, que se encargan manejar las cargas cognitivas.

Es a este tipo de memoria al que se apela en el proceso de formación y el que mejor deben conocer docentes e instructores al momento de crear sus dispositivos de enseñanza, de manera que estos sean eficientes y eviten la saturación cognitiva de los estudiantes, para ello deben hacer un uso adecuado de tres tipos de carga cognitiva: la intrínseca, la ajena y la germana.

Del manejo adecuado de estos tres tipos de cargas hablaremos en nuestro próximo artículo.

  1. La memoria a largo plazo, determinada por la capacidad de nuestro cerebro de almacenar datos por tiempos prolongados de tiempo, que van de días a décadas. La capacidad de almacenaje de información y la capacidad de tenerla disponible de manera inmediata dependerán de varios factores como las asociaciones que se hayan establecido para recuperar la información, el número de veces que se ha recuperado dicha información (entre más veces hayamos recuperado cierta información, más fácilmente la recordaremos, en ocasiones hasta hacerlo como un acto reflejo), y la intensidad con la cual se asimiló el estímulo.

Estos tres elementos, asociación, recuperación e intensidad, deben emplearse dentro de los procesos de enseñanza para garantizar que los estudiantes recordarán los elementos de estudio a largo plazo.

Ahora que hemos visto estos elementos, los invitamos a seguir con nosotros en nuestro próximo artículo en el que hablaremos sobre cómo manejar las cargas cognitivas (intrínseca, ajena y germana), para facilitar los procesos de aprendizaje en la memoria de corto plazo.

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